miércoles, 12 de marzo de 2008

Virus, ¿terroristas de las células o genes independizados?



T4

Virus: entidad acelular -no deberiamos llemarle ser vivo- infecciosa que, aunque puede sobrevivir extracelularmente, es un parásito absoluto porque solamente es capaz de replicarse en el seno de células vivas específicas, pero sin generar energía ni ninguna actividad metabólica. Los componentes permanentes de los virus son ácido nucleico (ADN o ARN, de una o de dos cadenas) envuelto por una cubierta proteica llamada cápside.

Animaciones Generales

http://www.mcb.uct.ac.za/tutorial/calgary_files/Virology.swf

http://www.blackwellpublishing.com/wagner/animations/genome/genome.swf


A diferencia del Ciclo ordinario en el que el ácido nucleico vírico procede inmediatamente a la transcripción de su mensaje genético en los mARN necesarios para su multiplicación, y prosigue rápidamente el ciclo vital, en alunas ocasiones en virus puede comportarse de una forma diferente: el ciclo lisogénico, descubierto por Lwoff en bacteriófagos.
El ADN vírico se cierra por sus extremos generando un ADN circular. Este ADN se inserta en el ADN
bacteriano en un lugar específico en el que la secuencia de nucleótidos bacterianos es semejante a alguna región del ADN vírico.
Bacteriófagos: El fago lambda.


Retrovirus


http://www.sumanasinc.com/webcontent/animations/content/lifecyclehiv.swf

The Hershey-Chase experiment


http://highered.mcgraw-hill.com/sites/dl/free/0072437316/120076/bio21.swf


El arma secreta de las avispas parásitas.


Nancy E. Beckage (1998)


Las avispas parásitas han de desarrollarse en el interior de orugas vivas. Para medrar en este ambiente hostil utilizan un virus que neutraliza el sistema inmunitario del hospedador.

Las avispas parásitas efectúan la oviposición en el interior del cuerpo de una oruga. Este cruento sistema implica la participación de tres elementos: la avispa, la oruga y un poliadenovirus. Inyectado por la avispa, el virus neutraliza las defensas de la oruga. La simbiosis entre la avispa y el virus es tan estrecha, que el ADN del insecto determina los genes de ambos.



El genoma del virus no es otra cosa que un segmento del ADN de la avispa que, en el momento oportuno, puede actuar de forma independiente.

La simplididad de los virus y su íntima relación con los genomas de las células hacen pensar -más que en organismos simplificados por el parasitismo- en estructuras genéticas que han alcanzado la libertad para expandirse de forma autómoma, produciendo eventualmente destrozos en las células hospedadoras.

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