n de un año luz de diámetro.
¿Has visto lo que te rodea? Abre bien los ojos, ante ti se abre un mundo maravilloso e insospechado.
n de un año luz de diámetro.

La corriente fluía rápida entre las rocas, con tranquilos emansos y, a trechos, pequeñas cascadas. En la superficie de los emansos se reflejaba débilmente la luz opaca del sol. En la parte más alta del río había un viejo puente de hierro. Sin embargo, era tan estrecho que apenas podía atravesarlo un coche. Su negra e inexpresiva armazón se sumía en el silencio helado de febrero. Sólo lo utilizaban el personal de un hotel cercano,
los clientes que se dirigían a los baños termales y los guardabosques. Cuando pasamos por aquel viejo puente, no nos cruzamos con nadie y, luego, aunque en varias ocasiones nos volvimos a mirar, tampoco vimos que nadie lo atravesara. Paramos en el hotel a tomar un almuerzo ligero, cruzamos el puente y nos encaminamos al río. Shimamoto se había subido las gruesas solapas del chaquetón y llevaba la bufanda enrollada hasta justo debajo de la nariz. Vestía ropa adecuada para andar por la montaña, muy distinta a la que solía ponerse. Se había recogido el pelo hacia atrás, calzaba botas duras de trabajo. De su hombro colgaba un bolso de nailon de color verde.
Vestida así, parecía una estudiante de bachillerato. En el prado, aquí y allá, se veían manchas blancas de nieve endurecida. En lo alto del puente había dos cuervos, inmóviles, que miraban hacia abajo, hacia el río, lanzando de vez en cuando agudos graznidos de reprobación. Su voz resonaba helada en el bosque pelado, cruzaba el río y se clavaba en nuestros oídos. Un camino estrecho sin asfaltar seguía el curso del río. No sé hasta dónde continuaba ni adonde conducía, pero parecía sumido en un silencio terrible y daba la impresión de que no lo pisara nunca un
alma. Por las cercanías no se veía ninguna casa, sólo campos helados. En los surcos arados de los campos, la nieve se acumulaba trazando líneas de color blanco. Había cuervos por todas partes. Al vernos pasar, lanzaban breves graznidos, como si emitieran alguna señal para otros congéneres. No huían cuando nos acercábamos. Podíamos apreciar de cerca su pico afilado como un arma mortífera y la viva tonalidad de sus patas.
AL SUR DE LA FRONTERA,AL OESTE DEL SOL
(Castellano Versión sin subtítulos)
«Irás al planeta Dagobah. Allí aprenderás de Yoda, el Maestro Jedi que me enseñó a mi.»
Desde el remoto planeta Dagobah, un mundo primitivo de pantanos y bosques, refugio del Maestro Jedi Yoda durante su exilio, se nos ofrece una lección de confianza en los recursos que cada uno posee y que, a menudo, no valora lo suficiente.

Sin embargo existe una interpretación según la cual, para un observador viajando en una nave interestelar a velocidades sustancialmente próximas a la de la luz, para los que existe una contracción efectiva del tiempo, su impresión subjetiva seria de rebasar dicha velocidad. Tal circunstancia se produciría a la velocidad C/(Raíz de 2) que equivale a unos 211.985 Km/s (70,711 % C) que llamaremos “Barrera de la Luz”.
Cualquier velocidad superior a esta produciria en los astronautas una impresión subjetiva (combinando el desplazamiento real con su percepción temporal) de viajar a velocidades hiperlumínicas.

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Con la cibernética el concepto de maquina ha ido cambiando a lo largo de los años. Luego de aquellas primeras maquinas mecánicas donde se pretendía reemplazar completa o parcialmente el trabajo físico del hombre y de los animales, han seguido otras, cuyo fin, es la mecanización del trabajo intelectual. Hoy las maquinas realizan funciones que antes se consideraban propias del intelecto humano.
